Coaños lindos, coaños grandes

Uno de los primeros términos de la jerga CMU que se graban a fuego en tus labios en cuanto recibes la llamada (y del que nadie se desprende por muchos años que pasen) es el de coaño.

Coaño (del latín co-annus):
1. Relación establecida entre personas de la misma generación de graduados, independientemente del país de procedencia o de destino.
 
 

Conocer a tus coaños es un trámite por el que todos pasamos durante el proceso de selección. Durante casi dos días, esas personas se convierten en tus mayores rivales y también en tu mayor apoyo, en los únicos que comprenden tus nervios y que sienten la tensión del momento tanto como tú.

Después, y si la tecnología del momento lo permite, tus coaños españoles son las personas con las que hablas casi diariamente para cagarte en la puta porque no te han mandado la información necesaria para solicitar tu visado, y como las cosas sigan así no te vas, es que no te vas, y cómo se atreven a gestionar tan terriblemente mal tu futuro. Y durante esos momentos de tensión, ellos están ahí, escuchando y cagándose en la puta exactamente igual. Comprenden como nadie.

Y luego, si la suerte te acompaña un poco más, los coaños de tu país, esas personas a las que muy probablemente no vuelvas a ver en dos años, alcanzan un nuevo estatus, otra definición completamente distinta:

Coaño (del latín, co-annus):
2. Familia.
 
Coaños!
2013 – 2015, de izquierda a derecha: Adrián (India), Miren (Hong Kong), María (EEUU), Jon (Singapur), Alejandro (EEUU), Pablo (Canadá), Lucía (Noruega), Iván (Gales), Marta (Móstar) y Lola (Singapur). Se ausenta Lucía (Italia).
Alumni: Isaac (Italia), Andrew (Gales), Pabliño (India) y Fernando (Hong Kong).
Haciendo la foto estaba Pablo (EEUU 05-07)

Y así, casi sin quererlo y de la manera más tonta posible, los coaños se convierten en personas fundamentales en tu vida.

Nosotros, la generación española de 2013-2015, tuvimos la suerte de poder conocernos y compartir un par de días en un campamento de orientación organizado por ACMU (Asociación de antiguos CMU), llegando en apenas horas a alcanzar la confianza, la comprensión y la capacidad de querernos propias de las familias más unidas.

A nuestra manera, de una forma peculiar, entendimos que necesitábamos abrazarnos (sí, abrazos, nunca darnos dos besos), sentarnos juntos, cogernos la mano y escuchar. Supimos confesar nuestros miedos de manera anónima y recuperarlos para quemarlos en una hoguera, como se queman las cosas viejas y se enfrentan las adversidades: con valor y buena cara; supimos reír hasta hacer que nos dolieran las costillas y hacer el ridículo como jamás hasta la fecha.

En dos días creamos un lazo inquebrantable, con algunas personas más que con otras, pero siempre real y sincero. Pudimos encontrar alguien en quien apoyarnos cuando las cosas vayan mal, alguien que estará pasando por lo mismo y que no juzgará, ni criticará, sino que sencillamente… va a estar.

Los coaños son personas únicas. Muchos de ellos han sufrido lo mismo, y nunca habían conocido a nadie que hubiera pasado por la misma circunstancia. Son distintos, y por eso siempre se han sentido desplazados, y es fundamental que se conozcan, que se entiendan, que se quieran.

Gracias por un fin de semana tan especial, os quiere,

Marta

UWCiM 13 – 15

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