Confusiones y continuaciones

La pared que ocupa la cabecera de mi cama está repleta de fotografías y recortes que ocupan cada esquina, llenándola de color y de calor, haciéndome sentir a gusto, en casa. Me pasé dos noches sin apenas dormir intentando cubrir cada recuadro en blanco, cada pedazo de gotelé que arañaba y aburría, agotada pero consciente de lo imprescindible que resultaría para mi salud mental.

Me encanta mirar mi pared.

Me gustan todas esas fotografías que han sobrevivido a los años y al olvido, fotografías que me muestran un yo del que tengo poca consciencia, una familia sempiterna, una manera de querer incomparable. Me gustan las imágenes de mis mundos paralelos, entre Madrid e Illinois, imágenes de un mundo anterior a Mostar; llenas de caras que están llenas de recuerdos; de días soleados y de tormenta. Me gusta saber que aunque muchas de esas caras no queden más que para eso -para el recuerdo- al menos no pertenecen al cajón de lo olvidado. No me supone problema alguno admitir su irrelevancia llegado este momento, por mucho que hayan significado. Por último quedan las fotografías más recientes, recuerdos del último año y de otro mundo más, de decenas de personas en mi mente, de poemas copiados y carteles con nombres de ciudades visitadas y por visitar. Mapas, luces de Navidad, postales, algún homenaje a Mafalda. Reproducciones de obras de arte. Cartas. Casas.

Son mis vidas, mis mundos, mis hogares, todos ellos puestos en una pared. No logro entender cómo he conseguido concentrar lo inconcentrable, reunir en un mismo lugar tantas facetas imposibles, hacer aquello de lo que soy completamente incapaz de cualquier otra manera, que es reunirme en un solo lugar con todo lo que me importa, al mismo tiempo.

 Es una verdad ficticia, desde luego, pero es una verdad.

Quizá ese haya sido el mayor reto de este nuevo comienzo con sabor a final, de un último primer día de colegio, de una realidad que debería haberme alcanzado hace un año y que prorrogué. Parece que, por mucho que me haya repetido que no hay necesidad de conciliar lo inconciliable, mi empeño no cesa e invito y traigo y llevo. Parece que lo inconciliable, al final, se concilia. Aunque sea en una pared.

Empezar de cero es difícil, pero no había sido hasta ahora que me había dado cuenta de lo complicado que es comenzar desde el punto medio; volver a un lugar que no es el mismo o seguir donde otros ya lo dejaron. Se fueron aquellos de la generación anterior, llegaron otros, nos quedamos nosotros, sonrientes, eufóricos, agotados. Es un círculo, algo que me resulta tan obvio y al tiempo tan anormal que me resulta imposible concebir adecuadamente la realidad. Me rodea una nueva generación de emociones e historias, de mentes cargadas de intención, de ganas de empezar, de crear, de ser. Es raro, es normal, me cansa, me encanta. Frente a mí queda lo que tenga que venir.

Y con esa idea miro hacia el futuro y no puedo esperar, pero no quiero que llegue, y me acuesto tan aterrada como me levanto, perdida entre montones de papeles que se resumen en documentos digitalizados, más y más códigos binarios, con sentidos indescriptibles, sin ningún principio, con un final demasiado nublado como para formar parte de mi vida, de mi yo perdido y asustado. Es un escalofrío agradable, una mezcla agridulce, una idea permanente en mi cabeza que me impide ser la yo de hace un año: ajena a mis estudios, al mundo real, únicamente dispuesta a vivir de un modo completamente nuevo. Acepto en silencio que con el ciclo llegan nuevas formas de ser, que el pensamiento no debe tomar asiento, y vuelvo a mirar al frente.

El sol sigue saliendo y volvemos al climbing hall. Mañana podremos hablar de género y sexo y vuelvo a ser capaz de deconstruir (o, mejor dicho, escuchar como otros deconstruyen) todas esas realidades sociales y culturales que nos rodean en medio de clase. Este río, esta ciudad, no pierde su magia, por mucho que mi perspectiva varíe, por mucho que yo cambie.

Y la gente, esa gente tan maravillosa, tan dispuesta y tan sorprendente,“I told you that we were missing on each other!”

Como mi pared, ellos crean mi casa.