El credo del desinterés

image

Rosa Montero en La ridícula idea de no volver a verte.

Marie Curie, otra forma de ver la vida.

Advertisements

Teatro

Agota Kristof. El gran cuaderno, de la trilogía Claus y Lucas

A veces, si la gente está atenta, no están demasiado borrachos y no arman demasiado ruido, les representamos una de nuestras pequeñas piezas de teatro, por ejemplo, la Historia del pobre y del rico.

Uno de nosotros hace de pobre, otro de rico.

El rico está sentado a la mesa y fuma. Entra el pobre:

—Ya he acabado de cortar su leña, señor.

—Muy bien. El ejercicio es muy saludable. Tienes muy buen aspecto. Tienes las mejillas rojas.

—Tengo las manos heladas, señor.

—¡Acércate! ¡Que te vea! ¡Ah, qué asqueroso! ¡Tienes las manos llenas de grietas y de forúnculos!

—Son los sabañones, señor.

—Vosotros los pobres tenéis siempre unas enfermedades repugnantes. Sois sucios, ése es el problema. Toma, por tu trabajo.

Y lanza un paquete de cigarrillos al pobre, que enciende uno y empieza a fumar. Pero no hay cenicero donde se encuentra, junto a la puerta, y no se atreve a acercarse a la mesa. Por lo tanto, se echa la ceniza en la palma de la mano. El rico, al que le gustaría que el pobre se fuese, finge no ver que el hombre necesita un cenicero. Pero el pobre no quiere irse todavía, porque tiene hambre. Dice:

—Huele bien en su casa, señor.

—Es la limpieza.

—Huele a sopa caliente. Yo no he comido nada todavía hoy.

—Pues tendrías que haberlo hecho. Yo, por mi parte, voy a ir a comer al restaurante, porque he dado permiso a mi cocinero.

El pobre husmea.

—Pero aquí huele a buena sopa bien caliente.

El rico grita:

—¡No puede oler a sopa en mi casa, nadie está preparando sopa en mi casa, debe de venir de casa de los vecinos, o bien será tu imaginación! Vosotros, los pobres, sólo pensáis en vuestro estómago: por eso no tenéis nunca dinero. Os gastáis todo lo que tenéis en sopa y en salchichón. Sois unos guarros, eso es lo que sois, y ahora me estás manchando el parqué con la ceniza de tu cigarrillo. ¡Vete de aquí y que no te vuelva a ver!

El rico abre la puerta, da una patada al pobre, que cae en la acera.

El rico cierra la puerta de nuevo, se sienta delante de un plato de sopa y dice, uniendo las manos:

—Gracias, Jesucristo Señor Nuestro, por todos tus dones.

El lector

Llevo tantos años leyendo tanto que hace mucho tiempo que perdí aquella cuenta que comencé con cuidado de todos los libros que iba devorando. Tampoco sé qué fue de mi libreta Esto es lo que he leído y me ha gustado, ni de mi booket list (un juego de palabras terrible, soy consciente), ni de mi documento de word, escrito con tipografía Comic Sans, donde iba anotando diferentes títulos, primero con resumen de la obra, luego solo con mi opinión al lado, los últimos con apenas un emoticón que concentraba en dos carácteres que el libro fue bonito ( 🙂 ), divertido ( 😀 ) o una puta mierda ( D: ).

El otro día terminé de leer El lector, de Bernhard Schlink. Valiente decisión la mía de leerlo. Bueno, valiente decisión de mi profesora de Literatura al elegirlo. Detalles excéntricos aparte, he decidido que, por qué no, voy a comenzar a apuntar (otra vez) lo que leo, por qué lo leo y por qué me gustó (o no, D:).

He llegado a un punto en el que cualquier novela cuyo resumen incluya la palabra nazi me tira para atrás como un resorte automático. Y mira que yo lo intento, busco cosas nuevas, sigo dando oportunidades a los cuentos sobre niños judíos y niños alemanes, y niños judíos jugando con niños alemanes y niñas alemanas enamorándose de niños judíos (al revés, por algún curioso motivo, no suele pasar), pero no hay manera. Vamos, que leer El lector (valga la redundancia) me daba más pereza que salir a correr por mi pueblo, que ya es decir.

Sin embargo, como buena estudiante BI, decidí cumplir con mi deber y no buscar un resumen por internet (no, no, de verdad que yo nunca, jamás, hago eso) y, ¡oh! ¡Cuán grata fue mi sorpresa al descubrir que Schlink apenas había dedicado espacio a los nazis en su novela!

Sorprendentemente cercana al estar narrada en primera persona, El lector cuenta una historia de amor, culpabilidad, comprensión y perdón como pocas que conozca (debo haber leído taaaaaanto que apenas quedan cosas que me sorprendan… cualquier día me cuelgan) Quite enjoyable, que dirían mis queridos americanos. Va, de ese tipo de libros que no te apetece dejar de leer.

Me gustó el estilo de la narración, estructurada en tres partes según el momento de la vida del protagonista y que, aun contada por una voz claramente adulta y madura, consiguió (aunque mi profesora de Literatura no está muy de acuerdo en esto) adaptarse al momento que relataba. Me explico: la voz que escuchaba cuando leía al narrador hablando de su experiencia a los quince años me parecía diferente que aquella que empleaba veinticinco años después, incluso cuando ambas eran realmente la misma voz del hombre en su vejez contando la historia de su vida.

El lenguaje no es de una gran elaboración, y estoy convencida de que pierde muchísimo con la traducción, pero esa es una de las desventajas de no ser políglota y, muy a mi pesar, tendré que vivir con ello. Aunque lo mismo me pongo a aprender alemán, que ya va siendo hora de hacer algo productivo!

Algo malo: la transición que el autor realiza entre una parte y otra. No soy capaz de encontrar otra manera mejor de hacerlo, pero la elegida me resulta insulsa e incluso infantil. Tal y como lo leí, las tres páginas que ocupaba el capítulo de transición entre parte y parte me sonaron a “…y entonces un drama terrible ocurrió. Viví amargado muchos años. Volví a verla. [inserte aquí la continuación de su historia muchos años después]”. No sé si me explico.

Y bueno, para no extenderme mucho (más), termino con lo que más he disfrutado: no se da respuesta al conflicto principal que se plantea al protagonista (que, por cierto, se llama Michael) : cómo comprender, juzgar y perdonar a una persona al mismo tiempo. Fácil, ¿verdad?

Kate Winslet y David Kross en la versión cinematográfica del libro, en una de sus escenas más íntimas y eróticas (¿o solo es por lo mucho que me gustan los libros?)
Kate Winslet y David Kross en una de las escenas más íntimas y eróticas (¿o solo me lo parece por lo mucho que me gustan los libros?) que tiene la adaptación cinematográfica de la novela.