Time flies

Hoy hace doce días que mi verano de locura acabó y que terminé de sacar la ropa de mi última maleta.

(Vale, sí, la maleta sigue teniendo cosas por sacar…)

Han sido dos meses impresionantes, y no me podría haber imaginado una mejor compañía durante todo este tiempo, desde mi clase en Roma hasta mi hermana (por mucho que me pese decirlo, también la quiero, a veces, cuando no se pone muy pesada), pasando por mi increíble semana londinense, el campamento de orientación y mi título de buceadora (¡¡puedo sumergirme hasta dieciocho metros!!).

Ahora queda lo más duro: compras de último momento que nunca fallan; problemas burocráticos (bendito notario, ex alumno de UWC Atlantic, al que le estaré eternamente agradecido); conversaciones llenas de preguntas con mis dos segundos años, Mario y Carme; maletas y la parte más odiada y siempre temida: los abrazos de despedida.

Así que aprovecho este post para decir que fue bonito mientras duró, que lo disfruté como nunca y que no puedo esperar a llegar a Mostar y comenzar mi nueva vida allí.

Por último, dejo algunas fotos del verano (abuela, sé que te gustan) para dar un poco de color a esta entrada tan aburrida. Lo siento, es tarde, estoy cansada, y si sigo posponiendo esto nunca lo escribiré.

Buenas noches, mundo.

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