Vivir

Pensaba, insomne y perdida entre la consciencia de la noche que me despierta y la duermevela en la que me sumo a partir de cierto momento, en todas esas cosas que nunca veré, que nunca veremos.

Pensaba en lo que nunca podré escribir, en lo que mis palabras no podrán contar, en lo que mi mente no podrá imaginar por mucho que se lo cuenten.

Saudade.

Me gusta la literatura porque me lleva a mundos demasiado desconocidos y demasiado inexactos, tan perdidos y tan apáticos como acogedores, amantes y conocedores de verdad. Me gustan las palabras que se deshacen en mi boca, las que me la llenan de sentido y las que pueden ser expulsadas con tal violencia que nada queda callado y el pecho se vacía, el aire no llena, todo queda en paz.

Pensaba insomne en qué me gustaba y entendí que me gusta vivir.

La comunicación a través de la escritura es una actividad solitaria y así debe serlo para poder sobrevivir.

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Pido, soy y doy.

PIDO SILENCIO, Pablo Neruda

AHORA me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.

Yo voy a cerrar los ojos

Y sólo quiero cinco cosas,
cinco raíces preferidas.

Una es el amor sin fin.

Lo segundo es ver el otoño.
No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.

Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fuego en el frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero.
Es casi nada y casi todo.

Ahora si quieren se vayan.

He vivido tanto que un día
tendrán que olvidarme por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.

Pero porque pido silencio
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.

Sucede que soy y que sigo.

No será, pues, sino que adentro
de mí crecerán cereales,
primero los granos que rompen
la tierra para ver la luz,
pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y sigue sola por el campo.

Se trata de que tanto he vivido
que quiero vivir otro tanto.

Nunca me sentí tan sonoro,
nunca he tenido tantos besos.

Ahora, como siempre, es temprano.
Vuela la luz con sus abejas.

Déjenme solo con el día.
Pido permiso para nacer.

Pido permiso para ser y para seguir.

Pido silencio físico para pensar y silencio absoluto para existir.

Pido paz para entender y cuidado para no juzgar.

Pido. Doy.

Yo sé que es muy cheesy, pero gracias por ser quien eres.

Cueste lo que cueste

Ha sido un año y medio largo y lento, lleno de protestas, de alegría, de defensa.

Año y medio de lluvia y de frío, de alegría, de pasos hacia adelante seguidos de saltos hacia atrás.

Año y medio de desesperación, de interminables listas de espera, de huelgas y bajas, de salarios bajo mínimos, de llanto y de sonrisas. Año y medio de unidad.

Ha sido año y medio en el que hemos perdido la cuenta de las veces que las calles se han teñido de un blanco helado y ruidoso, cargado de batas y estetoscopios, pancartas y caras pintadas.

La nieve cayó sobre Madrid durante año y medio y ahora, contra todo pronóstico, como nunca pasa en esta ciudad céntrica y cálida (demasiado cálida), la nieve cuajó.

La lucha contra la privatización de la sanidad es –o debería serlo- nuestro orgullo. Es el esfuerzo y el ejemplo, la prueba de que la lucha sigue cueste lo que cueste y de que da resultado. Una prueba sobre papel que demuestra que nadie se queda apoltronado en un sofá en casa ni congelado en una esquina adyacente a Neptuno, sino que se grita y se hace escuchar. La rendición no es una opción, dejarse la piel tiene sentido, aquí nadie se para.

Dijeron que podían y pudieron. Pueden ellos y podemos todos. Es momento de seguir, con más fuerza que nunca, desde Mostar o desde Madrid, desde América o Asia, tanto exiliados que salimos corriendo, huyendo de un país demasiado enmohecido como para imaginar un futuro dentro, como todos los que se quedaron, valientes amigos que dan voz a los que la perdimos por cobardía.

Este es nuestro orgullo y vuestra victoria; sin vosotros, nada.

En un instante

Me gustaría entender por qué hay tantas personas con la soledad agarrada al alma, adjunta hasta el punto de convertirse en la persona misma y no en un rasgo más de ella. Inseparable.

Intento comprender por qué me siento tan a menudo una parte más de ese grupo de solitarios, cuestiono si fue elección mía o si se trata de uno de esos rasgos de personalidad que son innatos, inherentes a mí misma.

Camino por la calle de la mano de nadie, me paro en el puente y me río cuando me cruzo con caras conocidas.

Pienso en mí (esta vez, conmigo). Quizá este sentimiento sea el motivo de mi deseo de vivir como nómada, o quizá sea solo una consecuencia. ¿Gallina o huevo? ¿Elijo o me elige? Decido cómo ser y en función de ello, existo. ¿O quiero ser de una forma determinada porque existo?

Una vez hablé de esta sensación y me tomaron por loca, y es probable que mi sensación sea egoísta y egocéntrica, ausente de mirada exterior, demasiado centrada en mí misma y ajena a todo -y todos- los que me rodean.

¿Será mi incapacidad para mirar más allá –look beyond- que me hace llenarme de soledad?

Camino por la calle de la mano de nadie y lo disfruto. Me dan la mano para levantarme si me caigo, y eso me hace feliz.

And if you’re homesick, give me your hand and I’ll hold it.

La identidad del lenguaje

Porque si la lengua que es mía no me responde y la lengua que quiero que sea todavía no alcanza, la sensación de desamparo ante la imposibilidad de expresarme, de ser yo tal y como me conozco, me sofoca y me impide respirar.

Y si el idioma que me conforma deja de protegerme, me siento aislada y perdida y no sé cómo remediarlo.

Quizá si la sensación de necesitar elegir desapareciese… Pero si hubiese desaparecido, no habría dilema, mi idioma sería mi idioma y la posibilidad de nacer en otro no sería siquiera una cuestión que rondase mi cabeza.

Si te dijeran que puedes empezar de cero (pero a un nivel completamente nuevo de cero), ¿lo harías?

Vuelvo a vivir (en la red)

Y solo veinticinco días más como menor de edad.

Qué absurdo que una fecha tan insignificante pueda hacerme pensar tanto y ser tan incapaz de poner mis ideas en orden y letras. Qué absurdo que me censure a mí misma, que me avergüence de mis pensamientos, que no sepa cómo ordenar mis palabras para que tengan sentido (ni sepa en qué lengua).

Me niego a que estos veinticinco días tengan tanto sentido para mí, me niego a que una fecha pueda marcarme o controlarme, o dejar de hacerlo.

Veinticinco días de honestidad por escrito. Ese es mi plan.

En la vida real, vivo siempre.

Interrupciones inexistentes.